sábado, 11 de junio de 2016

Mensajes de Rodbexa Poleo

Para usted "Señora", que habla de las marginales, desarregladas, sucias. Que comentarios tan vacíos, ojalá pudiera maquillarse el alma y el corazón, pero cierto que para eso no existen labiales caros, correctores mágicos ni botox... De la abundancia del corazón habla su boca... Pena no le debería dar salir sin maquillaje a la calle. Pena debería darle decir que todo lo que tiene es porque su marido se lo ha dado. Valoro y respeto, mas que a todo su dinero y su banalidad, a las mujeres que tienen ojeras porque cuidaron a su bebe toda la noche, a esas que el tiempo no les alcanza para arreglarse el cabello o pintarse las uñas con tanta frecuencia como usted, a esas que llegan a cocinar, a lavar, que se acuestan tarde poniendo todo al día y temprano se levantan con energía y llevan a los niños a los colegios y se van al trabajo a construir su futuro, a las que ensucian sus uñas porque trabajan la tierra. A las que con el sudor de su frente se ganan el pan, así realmente somos las venezolanas. Respeto a esas mujeres que son un apoyo para sus compañeros, que los ayudan, los hacen crecer, se fortalecen mutuamente, no esas que solo esperan a que se les de todo. Y que se entienda, no es que no nos podamos maquillar, arreglar, ser coquetas, de hecho, lo hacemos, pero eso no solo va con lo físico o lo material, y jamás será la prioridad en la vida de una mujer que lucha, esa, la mujer que realmente es hermosa. Sinceramente, ojalá pudiera maquillarse el alma y el corazón, pero cierto que para eso no existen labiales caros, correctores mágicos ni botox Señora.‪#‎LoSientoDianaPeroNo‬

🎶CUESTIÓN DE ACTITUD🎶
Todo es cuestión de tener actitud, se original, real, siempre se tú
Natural… Sin dejar de ser coqueta, porque lo banal no puede ser tú meta
Sabes que hay un problema cuando se vuelve enfermizo
Cuando lo haces para que tu moral “ya no esté contra el piso”
Cuando no lo haces por ti, sino por otras personas
En algún momento te cambian, otra persona te destrona
Que no suene trillado, o repetitivo mucho menos
Pero el regalo de 15 años no pueden ser unos senos
Sabes que hay un problema cuando se vuelve adictivo
Que para hacerlo aunque no haga falta te inventas diez mil motivos
Y algunas hoy ni lo cuentan, porque fueron al primero con el que alcanzó la renta
No se cuidan, es como un acto suicida
Si lo harás pues hazlo bien, por lo menos cuida tu vida, cuida tu vida.
Es una cuestión de actitud, hacerte pensar es lo que espero
Pa’ que te quieran como eres te tienes que querer tú primero
Con maquillaje, al natural, deportiva o con tacones
Lo que te pongas en lo de menos te definen son tus acciones
Que nada te impida salir feliz a la calle
Que no exista un patrón que especifique los detalles
Sólo piensa si es normal que en nada te guste tu aspecto
Que todos te encuentran perfecta y tú te encuentras mil defectos
El hábito no hace al monje, tu interior es lo que destella
Porque si eres inteligente automáticamente te verán bella
No es sólo pa’ hacerse mechas, tampoco para que te trencen
La parte superior del cuerpo también se usa para que piensen
Porque si te montaste las lolas, pero andas pelando bola
Como es que andas pidiendo ahora pa’ hacerte la cola
El problema no sólo radica en cirugías o silicón
El problema es cuando ante otros sólo por el físico te crees superior
Nunca dejes de usar tu inteligencia
Debes ser más cerebro que cuerpo, actitud, estilo, esencia.

Gente que juzga la belleza por la cantidad de "me gusta" en una red social... Gente que se desnuda sólo por tener "Me Gusta" en una red social... Y se lo creen tanto que da miedo... Si el mundo fuera ciego no existiría la moda, buscaríamos la comodidad... Si el mundo fuera ciego gastarían más tiempo leyendo un libro que en un gimnasio, frente al espejo o en un salón de belleza... Lo bonito y lo feo de una persona dependería de sus sentimientos, su trato, su forma de pensar, sus valores, su educación, su actitud, sus afectos, su risa, sus molestias... La música sería juzgada por cada nota y no por la de belleza del cantante o por cuántas joyas usó en un show, sería la letra del cantante lo que importaría y no la cantidad de luces que había en el espectáculo... Pero como el mundo no es ciego lo que hay que entender es que debe existir un equilibrio entre cuerpo (belleza) y mente (sabiduría). El problema no está en que te maquilles, el problema radica en que no debes sentirte mal por salir al natural a la calle.
Rodbexa Poleo


https://www.facebook.com/CuentaFull.AgregaRobexMcII/videos/10208252460122063/

sábado, 4 de junio de 2016

LA OEA ES COSA DE RISA CARLOS PUEBLA


pregunto yo en mi canción
al que grita y patalea
caballero de la oea
qué pasó con la reunión??

cómo no me voy a reír de la oea
si es una cosa tan fea tan fea
que causa risa
ajajajajajajajajajajaajajajaajaja
ajajajajajajajajajajaajajajaajaja

yo estoy acá en mi rincón
preguntándome hace rato
cómo es posible que al gato
le meta miedo el ratón...

cómo no me voy a reír de la oea
si es una cosa tan fea tan fea
que causa risa
ajajajajajajajajajajaajajajaajaja
ajajajajajajajajajajaajajajaajaja

con ese ir y venir
me tiene como si nada
perdone la carcajada
pero usted me hace reír...

cómo no me voy a reír de la oea
si es una cosa tan fea
tan fea que causa risa
ajajajajajajajajajajaajajajaajaja
ajajajajajajajajajajaajajajaajaja

no es miedo el que usted me da
con su oea y sus pamplinas
porque yo de las gallinas
me estoy riendo por acá..

cómo no me voy a reír de la oea
si es una cosa tan fea
tan fea que causa risa
ajajajajajajajajajajaajajajaajaja
ajajajajajajajajajajaajajajaajaja

para acabar le diré
en medio de tanta prisa
la oea es cosa de risa
y yo riendo seguiré...

cómo no me voy a reír de la oea
si es una cosa tan fea
tan fea que causa risa
ajajajajajajajajajajaajajajaajaja
ajajajajajajajajajajaajajajaajaja

https://www.youtube.com/watch?v=_Q5Ml-MlHQw&app=desktop

viernes, 3 de junio de 2016

jueves, 2 de junio de 2016

LA ANFICTIONÍA BOLIVARIANA.

Pero la idea no se quedaría en el vacío a pesar de los fracasos. Así como se la proponía, en un esfuerzo diplomático autodesignado, así comenzó una cruzada para formar cuadros en pro de la independencia y la libertad de la América mestiza. La logia “americana” que fundó en el marco de la masonería sería el mecanismo para construir un poder difuso a lo largo de todo el continente americano que completaría la tarea de liberar a los pueblos iberoamericanos del dominio español. La Asociación, en los primeros instantes modesta, no tardó en agrupar a la totalidad de los criollos que acudían a Europa para perfeccionar su educación o para ayudar a la revolución. O’higgins, Montúfar y Rocafuerte de Quito, del Valle de Guatemala, Monteagudo del Perú, Caro de Cuba, Servando Teresa Mier de México, Carrera de Chile, Mariano Moreno de La Plata, desfilaron ante Miranda para llevar sus mensajes a sus patrias de origen. Bolívar, Nariño, San Martín, Alviar y Zapiola (estos tres últimos, argentinos protagonistas de la emancipación de ese país) reanudaron sus votos en su casa de Grafton Square. Usaba, a través de ese mecanismo, una forma de hacer política verdaderamente innovativa para aquel momento histórico. El enfrentarle al poder duro concentrado, el poder disperso en amplias redes de relaciones. Como se puede verificar con el análisis histórico del proceso de liberación hispanoamericana este no fue un conjunto de movimientos discretos, coordinados tácitamente, por el contrario fue un movimiento sincronizado en el cual simultáneamente se activaron estos cuadros a lo largo y ancho de este inmenso espacio. Se pueden constatar las vinculaciones personales, establecidas a través de la logia mirandina entre estos patricios que lideraron el proceso de emancipación. Pero sin duda alguna, a pesar de las divergencias que coyunturalmente se presentaron entre Simón Bolívar y Francisco de Miranda, durante la primera fase de la guerra contra España en Caracas, fue el primero quien adelantó en la práctica el proyecto unificador en América.
No obstante, el proyecto bolivariano de homogenización de los pueblos mestizos de América, no tenía la fundamentación idealista de él del Precursor. Tenía una base práctica, que hoy se sustentaría en la noción del polo o polos externos integradores. Ciertamente el establecimiento de la “Santa Alianza” conformada por las monarquías absolutistas vencedoras en las guerras napoleónicas, se planteaba como una amenaza a las repúblicas recién liberadas de América. Por lo que tal riesgo hacía imperativa la unificación de esfuerzos para eliminarlo. Y no solamente se trataba de la defensa frente a la posible ofensiva de esta coalición reaccionaria. No se dejaba de considerar la posible coacción que podrían ejercer sobre estas republicas el imperio brasilero y la emergente federación norteamericana. Nótese que la convocatoria original a un Congreso en Panamá –coincidencialmente sitio escogido por Miranda como centro del Incanato- elaborada en Lima el 07 de Diciembre de 1824 (dos días antes de la Batalla de Ayacucho) estaba dirigida a los gobiernos siguientes: el de Colombia La Grande, el de México, el de Río de la Plata (Argentina), el de Chile y, el de Guatemala (que jurisdiccionaba el istmo centroamericano). En su inicio esta convocatoria se plantea como fin de ese Congreso el obtener “un sistema de garantías que, en paz y guerra, sea el escudo de nuestro nuevo destino…” en clara alusión al carácter defensivo que en común tenían que asumir las comunidades políticas liberadas frente a la realidad estratégica mundial del momento. Afirmaba el documento que ya de hecho existía una confederación debido a los tratados de alianza y confederación firmados con Colombia y México, el cual debía completarse cuando los restantes invitados aceptaran la “accesión”. Sostenía la convocatoria que tal asociación era “prodigiosamente” ventajosa, “si se contempla el cuadro que nos ofrece el mundo político y, muy particularmente, el continente europeo”.

No obstante su pragmatismo, el Congreso finalmente congregado, como resultado de las negociaciones políticas internas, incluyó delegaciones de Brasil, Estado Unidos de América e Inglaterra, justamente las potencias del cuadro internacional presente, que aparecían como amenazantes a los pueblos recién liberados. Era ya la influencia de un capitalismo incipiente, que el propio Precursor ya denunciaba durante sus negociaciones con el Primer Ministro Pitt, que en Venezuela ya estaban dejando huellas y que estarían en la base del proceso secesionista que rompería a Colombia La Grande en 1830. De modo que el proyecto anfictiónico bolivariano se frustraría del mismo modo que fracasó el proyecto de la Colombeia de Miranda. Y así la idea de la unificación de los pueblos iberoamericanos se perdió, pues era la concepción de una “vanguardia ilustrada” que no tuvo la capacidad de internalizarla en las masas populares.

EL PENSAMIENTO DEL PRECURSOR.

Sin dudas le corresponde al Generalísimo Francisco de Miranda la primacía en la elaboración de la necesidad de una concepción que visualizara a las comunidades de origen hispano, asentadas en el hemisferio, como una gran nación y, al espacio que ellas ocupaban, como un gran país. No nació esta idea de las infraestructuras presentes en lo que al momento eran colonias de Madrid. Germinó de la práctica que ya se perfilaban de la lucha de las grandes potencias por el poder mundial. Una contienda de la cual él era un actor protagónico. De modo que su planteamiento estaba más relacionado con el orden mundial que con la organización del mundo iberoamericano. Cuando se lee el Acta de París (22 de Diciembre de 1797), que se anexa a este ensayo, se puede inferir de ella que la proposición que formuló ante el Primer Ministro Británico William Pitt y al Presidente Norteamericano John Adams, contenía una especulación que estaba vinculada a la búsqueda de un balance en la política internacional en el marco de una multipolaridad. Ideas por supuesto que no formaban parte del léxico político de la época y dentro de la cual la conflictividad internacional no se planteaba por el control de espacios sino por el control del mercado.
Por supuesto, no dejó a un lado el problema del orden político que se superimpondría para la estructuración de la nueva nación. Dentro de un caudal de reflexiones y documentos, contenidos en 14.740 páginas, agrupados bajo el título de “Colombeia”, el Generalísimo esbozó sus ideas sobre el Estado que jurisdiccionaría esa gran nación y su enorme territorio que abarcaba algo más del 60% de todo el espacio continental. Para una etapa de transición colocó el poder ampliamente distribuido en los cabildos y ayuntamientos que representaban las comunidades establecidas, de donde saldría los diputados a un Congreso, para que este formase un gobierno provisional (evidentemente parlamentario), que condujese a la independencia y a la libertad. Se trataba de un régimen surgido desde las propias bases sociales de la gran nación. Por supuesto, correspondía a un estado laico, donde las funciones eclesiásticas se declaraban incompatibles con las civiles y militares y en el cual los indios y la gente de color gozarían de los derechos ciudadanos, eliminando todas las consideraciones excluyentes, racistas y religiosas que caracterizaban el régimen colonial. Como punto muy importante, establecía la obligación de todos los ciudadanos de tomar las armas en defensa de la paz, acogiéndose a la idea de la movilización en masa de Carnot. Pero más significativo aún, y a tono con las actuales tendencias dominantes en el gobierno nacional, en lo que podría denominarse una especie de Código Militar, se partía de la supresión del fuero castrense para que todo soldado fuese responsable ante los ciudadanos por infracciones a las leyes. Tal código es una cuidadosa reglamentación para impedir los desmanes contra los civiles, indisciplinas y malos tratos a los prisioneros de guerra, que deben ser objeto de cuidados generosos y dignos. Se anticipaba así el “venezolano universal” a lo que más de un siglo después sería el derecho humanitario de guerra. Una práctica que maximizó el Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre y que contrasta severamente con los usos del imperio en su “estrategia de contención”.

Para la empresa de independencia solicitó un apoyo de capital bélico, constituido por: 20 navíos de línea para las fuerzas marítimas, 8.000 hombres de infantería y 2.000 de caballería, un tren completo de artillería al menos de 60 piezas de hierro bien condicionadas y cien de otras piezas tanto de artillería ligera de batallones como artillería de posición. Uniformes completos para 20.000 hombres de infantería y para 5.000 hombres de caballería con su silla de montar, 30.000 espadas para la infantería, 10.000 lanzas largas y piquetas al estilo antiguo de macedonia, de tiendas en figuras cónicas a la turca para el campamento de 30.000 hombres y 50 buenos telescopios militares. Con esos recursos planificó una campaña militar que vincularía su sueño político con la realidad concreta. Una operación consistente en una invasión a la Capitanía General de Venezuela, que consideraba como clave para el dominio de lo que llamaban “tierra firme” para identificar el subcontinente meridional. En términos simples, el concepto de la operación contemplaba un doble desembarco simultáneo: con una fuerza con base en Curazao sobre la plaza de Coro; y con otra, con base en Trinidad, invadiría o atacaría a Cumaná y a La Guaira. Caracas estaría tomada entre dos fuegos, de modo que las fuerzas defensivas de la Provincia serían neutralizadas. Desde esta Provincia de Caracas una fuerza importante iría hacia Maracaibo, Río Hacha, Santa Marta y Cartagena, cerrando la puerta marítima de Magdalena y aislando a la Nueva Granada. Pensaban en dicho plan obtener el apoyo de la flota británica para bloquear a La Habana a fin de evitar el refuerzo a las defensas de tierra firme de los españoles. De allí su proyecto militar lo llevaba a Panamá, espacio en el cual ubicaría la Capital Federal del Imperio Republicano que pensaba establecer. Como una falla no pensó en controlar a Perú y Chile donde se encontraba el corazón del imperio español en el continente. Se podía decir por ello, que tenían razón el Primer Ministro Pitt y el Presidente Adams cuando fueron precavidos frente a los planes de quien considerarían como un idealista. Ciertamente el Precursor fracasó en su intento de construir la Colombeia que estuvo en sus sueños. No tenía nociones de las distancias efectivas existentes en el vasto dominio colonial español. 

miércoles, 1 de junio de 2016

EL PARÉNTESIS DEL AUTORITARISMO BUROCRÁTICO.


Es observable un inciso, donde hubo un cambio general de la dirección de la acción pública, durante ese largo siglo de lo que pudiésemos llamar una “paz armada en Venezuela”, impuesta por una Fuerza Armada pretoriana. Fue el lapso 1948-1958, cuando esa institución, transformada en casta, decidió asumir directamente el control del poder, abandonando a sus patronos: los estamentos privilegiados de la sociedad. Incuestionablemente esa decisión se tradujo en una acción de fuerza enmarcada en lo que la teoría sociológica denomina “violencia conspirativa”. Un tipo de violencia política, con un uso mínimo de la fuerza, realizada por segmentos de la élite – en este caso un sector de “oficiales académicos” asociados con un sector de la tecnocracia profesional – que se manifiesta normalmente mediante los llamados “golpes de estado”. Como es característico en estas situaciones, la acción respondía a una profunda insatisfacción de esos grupos por su falta de influencia política y su participación restringida en la distribución de los valores sociales, especialmente económicos. Son actos que suelen producirse al margen de las masas, cuya participación es extremadamente limitada, como ocurrió ese 24 de Noviembre de 1948 cuando se depuso el gobierno del Presidente Rómulo Gallegos.

Obviamente, como la propia denominación de este tipo de violencia lo indica, ese golpe de estado fue un acto deliberado al cual se convocaron todos esos factores descontentos, incluyendo la presencia de miembros de la Misión Militar estadounidense establecida en Venezuela, junto con una apatía generalizada de las masas populares frustradas por la falta de eficacia del gobierno para atender sus demandas. Y, más por el hecho de su origen primario, derivado de otro golpe de estado sin participación popular. En efecto, la teoría señala que el punto débil de los gobiernos así constituidos reside en que al no tener raíces en el pueblo o carecer de su apoyo concreto, pueden ser eliminados por el mismo método, sin provocar la reacción general, a menos que incurran en una represión indiscriminada. Sin dudas, los conspiradores apreciaron la debilidad del gobierno para realizar esa represión. Con un proyecto “revolucionario”, frente a la coyuntura interna e internacional que le era adversa, dado el prestigio de sus opositores, no sólo sustentado en el éxito del modelo capitalista, sino porque también prometen cumplir dentro de este una función de reconciliación social, el régimen no tenía la fortaleza ideológica para amalgamar los sectores sociales no privilegiados. Al mismo tiempo, valoraron sus propias capacidades basadas en el dominio del poder real, incluyendo en ellas el control de las industrias petroleras, en manos de la tecnocracia transnacional y, su asociación con los EE.UU., consolidadas como una superpotencia después del triunfo en la II Guerra Mundial. Y, como resultado de ese análisis, concluyeron, correctamente, estimando que tenían una relación de poder extremadamente asimétrica con las fuerzas de un gobierno carente de voluntad política y de una estrategia para enfrentar la amenaza. En otras palabras, sin el poder duro y las fuerzas morales para organizar una resistencia frente a la amenaza que casi era pública. De modo que prácticamente la acción fue incruenta, si se le compara con la similar ocurrida tres años antes, el 18 de Octubre de 1945, cuando el régimen andino, esta vez sorprendido por el golpe de estado, pudo dar una respuesta improvisada fallida, con una porción significativa de la Fuerza Armada, en conjunción con elementos populares.

No se trata de una reposición de las típicas tiranías militares impuestas por los EE.UU. en el marco del Corolario Roosevelt a la Doctrina Monroe, como las que estaban presentes en Nicaragua con el “clan de los Somozas” o en República Dominicana con Rafael Leonidas Trujillo. Era un nuevo modelo – el burocratismo autoritario – con un contenido nacionalista, cuyo componente ideológico fundamental estaba ligado a la seguridad estratégica del Estado, “amenazada” por la acción agresiva del “comunismo internacional”. Un planteamiento político que encajaba perfectamente dentro de los intereses de los elementos dominantes, transformados en clase, por la acción combinada de la industrialización del petróleo que creo un proletariado organizado en sindicatos (una clase obrera) y la actividad política de los “adecos” (socialdemócratas), que ubicó el juego en el marco de la lucha de clases propio del materialismo histórico. Pero también se ajustaba al marco de la “estrategia de contención” ideada y puesta en práctica desde su posición como Director de Planificación Política del Departamento de Estado por George Kennan en lo que en 1952 se convertiría oficialmente en el Corolario Kennan a la Doctrina Monroe. Dentro de esa metaestratégia, que respondía al temor temprano a los “shatterbelts” fronterizos (enclaves franceses, británicos, holandeses y españoles situados en el hemisferio) asociados a las comunidades mestizas de la región, sentido por la sociedad anglosajona-protestante del norte, el proyecto del régimen militar instaurado en Venezuela caía “como anillo al dedo”. En ese sentido, en aquel momento era necesario contener la posibilidad del establecimiento de un “shatterbelt” soviético, representado por diversos enclaves perturbadores en el hemisferio, producto de su asociación con fuerzas políticas locales, tal como lo ha sido Cuba desde la década de los 60. Pero en esa concepción la contención iba a realizarse fundamentalmente en Euroasia –tal como ocurre en la actualidad. Hacía allá se dirigieron todos los recursos económicos (Plan Marshal para Europa y la Ayuda para la reconstrucción de Japón en Asia) y militares (Tratado del Atlántico Norte y Tratado para el Sureste Asiático). La contención en América Latina y el Caribe se la dejarían – como se la siguen dejando – a los gobiernos de la región o, a las “quintas columnas” que, como la dirigida por el Coronel Castillo Armas, en representación de los intereses de las clases privilegiadas de Guatemala, asociadas a las empresas bananeras norteamericanas establecidas en el país y con el beneplácito de la Casa Blanca, depusieron el gobierno reformista de Jacobo Arbenz, acusado, además de “comunista” de belicista, por una importación de fusiles de Checoslovaquia para mejorar las defensas militares de su país.

Desde la perspectiva geopolítica de Kennan, las Américas del Sur y Central quedaban automáticamente subordinadas a la América del Norte, después de haber anulado las capacidades de las grandes potencias para mantener el orden neocolonial impuesto después de las guerras napoleónicas. Estos espacios, como él mismo los denominó, se convertirían en el “patio trasero” de los EE.UU., conjuntamente con la transformación de El Caribe en “el Mediterráneo de este hemisferio” y, junto con África, serían simples proveedores de materias primas. En ese marco la seguridad hemisférica estadounidense dependería del mantenimiento de la pirámide del poder regional en la cual ese país se colocaba en la cúspide, secundado por potencias intermedias de segundo orden como Brasil, Argentina, México y Venezuela, teniendo en la base las pequeñas potencias y los estados fallidos. Un poder sustentado fundamentalmente en las fuerzas de las armas, con capacidad para vencer la resistencia que podrían desarrollar las pequeñas potencias –como es el caso de los estados centroamericanos y caribeños frecuentemente invadidos por fuerzas combinadas de los EE.UU., asociados con otros estados de la región- y las generadas por los sectores internos no privilegiados.

Desde luego, la eficacia de los poderes intermedios dentro de ese esquema, dependía de su fortalecimiento. Una variable que esta en función del desarrollo de sus capacidades militares y de las fuerzas morales que las hagan efectivas. Y, para ese propósito, en primer lugar, se recurrió a la potenciación de las fuerzas militares de la región con programas de ayuda que permitían la introducción de nuevas tecnologías, asociadas a las estrategias y tácticas norteamericanas, para en segundo lugar, lograr la cohesión social y la unidad del país por la vía del nacionalismo que fortalecería la voluntad de resistencia ante la amenaza externa. El efecto inmediato fue la activación de una carrera armamentista moderada en América del Sur – si se le compara con la existente en la región geoestratégica euroasiática – con la consecuente potenciación de los diferendos internacionales existentes entre los estados de la región, en nuestro caso con Colombia. Lograba así la aplicación del Corolario Kennan, la contención del avance del “comunismo” en la región sin el uso masivo de recursos norteamericanos, mediante la represión de los movimientos populares contestatarios y la aplicación de una “estrategia del balance de poder en ultramar” que impedía alianzas entre los poderes intermedios regionales que pudiesen compensar la hegemonía estadounidense en el hemisferio. Un temor, advertido por el geopolítico Nicolás J. Spykman a principios de la década de los 40, quien colocaba como amenaza una posible coalición entre Brasil y Argentina durante el desarrollo de la II Guerra Mundial.

Fue dentro de ese contexto donde se desarrollo el paréntesis en la aplicación del ideario positivista dentro de la cual la Fuerza Armada, actuando con un criterio estamental, estuvo al servicio de la oligarquía dominante y, a través de ella, y dentro de la pirámide del poder hemisférica, en la defensa estratégica de la zona de seguridad norteamericana en el marco del TIAR. En ese lapso se inició una repotenciación del aparato de defensa de la nación sustentada en un reequipamiento de la Fuerza Armada con una tecnología de punta en el campo de las armas convencionales; la creación de una base industrial, conjuntamente con el desarrollo de capacidades en el ámbito de la investigación científica y tecnológica, incluyendo el campo nuclear, para buscar la autonomía estratégica del Estado; y, el cambio del concepto estratégico militar, mediante la colocación de una reserva, constituida por los excedentes de cada contingente del servicio militar obligatorio, como el elemento fundamental para la defensa de la nación, mientras unas fuerzas activas, reducidas a una organización de reacción rápida, se encargaba de disuadir las agresiones provenientes de sus competidores regionales. La eficacia de esta concepción, se puso de manifiesto durante la crisis colombo-venezolana de Los Monjes de 1952, cuando la primera intentó ocupar ese archipiélago militarmente, con cooperación estadounidense, siendo disuadida en su intento por la acción de la aviación nacional. El vínculo entre este fortalecimiento del poder duro, con la vigorización del blando, exaltado por el nacionalismo a través de la reivindicación de las tradiciones populares, fue justamente el establecimiento de la reserva que encuadraría a la totalidad de los sectores jóvenes del país. Mediante su entrenamiento y organización se pensó, erradamente, en desarrollar una base social disciplinada en apoyo del régimen, con un sentido nacionalista basado en la idea de la patria propia.

Se trato de una acción de gobierno en la cual había elementos revolucionarios, especialmente en lo concerniente a la política militar, necesariamente asociada a la creación de infraestructuras que soportaran la metaestratégia que constituía la superestructura del régimen de carácter militarista. Sin dudas, el paisaje geográfico del país se modificó drásticamente, incluyendo en ese cambio aspectos demográficos y sociológicos. Ciertamente se transformó el sistema vial y de comunicaciones contribuyendo a la unificación del país y a la aceleración del urbanismo como tendencia propia de la modernidad, conjuntamente con el incremento cualitativo y cuantitativo de una clase media fuerte. Pero la represión del “comunismo”, que frenaba los movimientos sociales destinados a reducir las profundas asimetrías existentes, que hacían de la comunidad política nacional una sociedad dual, lo convertía en un régimen autocrático que incluía a amplios sectores de la sociedad de la participación política, colocándolo de hecho en el campo conservador. Un terreno en el cual la Fuerza Armada, como institución, siguió mantenimiento su carácter pretoriano. No obstante los elementos revolucionarios de esa política – la activación de nuevas fuerzas productivas, la idea de la defensa popular, el desarrollo de la ciencia y la tecnología, entre otras – se internalizaron en la mente de muchos de los componentes del aparato de defensa, quienes constituirían una fuerza de resistencia al retorno de la corporación militar al papel de custodio de los intereses de la oligarquía dominante.

EL PENSAMIENTO HUMANISTA Y EL EFECTO DEL POSITIVISMO EN LA META ESTRATEGIA NACIONAL.


Este pensamiento humanista que orientó la acción militar venezolana, incluyendo las realizadas en el marco de las confrontaciones civiles internas, sufrió una muy importante variación a principios del Siglo XX, con el advenimiento de lo que ha sido conocido como la hegemonía andina. De una concepción que reflejaba la idea de la movilización en masa, muy claramente señalada en el documento transcrito en el Capítulo I de esta obra, en la cual era obligación de todo ciudadano el participar en la función de defensa estratégica del Estado, que incluía “el tomar banderas” en las contiendas internas según la conciencia individual, se pasó a la conformación de un estamento militar profesionalizado a quien se la adjudicó el señorío de las actividades de defensa. Esto a pesar de que los instrumentos legales que se promulgaron durante ese lapso, mantenían las disposiciones que regulaban la organización de las reservas militares que hacían práctica la participación ciudadana en la defensa militar del Estado. De hecho, las milicias que tradicionalmente se conformaban dentro de las jurisdicciones de los estados que constituían la Federación, desaparecieron de la organización militar de la República.

Esta tradición histórica y constitucional, cambió como consecuencia del Imperio del pensamiento positivista en la orientación del régimen andino (1899-1945). Dentro de esta aproximación filosófica, por cierto con algún contenido racista, el valor fundamental de la acción pública del gobierno del Estado era el progreso, en términos concretos identificado con la industrialización, dependiente del orden tanto en el entorno interno como en el ámbito internacional. De allí que para esta última finalidad, se consideraba a las Fuerzas Armadas, dirigida por una elite profesional, parte de una ilustrada que le correspondía el gobierno de la nación, como responsable del logro del orden interno y la seguridad de las fronteras como condiciones indispensables para el progreso de la comunidad política. No es de extrañar entonces, que las primeras decisiones en el terreno de la defensa militar del país, estuviesen dirigidas a neutralizar las fuerzas irregulares indómitas, que competían por el logro del poder a escala regional o nacional y a organizar un centro académico de formación de Oficiales destinados a configurar esa élite militar. Esta última decisión contravenía la tradición implantada desde la época colonial cuando la formación académica del cuerpo de oficiales se realizaba en la Real y Pontificia Universidad de Caracas o en los cuerpos de milicias criollas o pardas que constituían las fuerzas locales que complementaban el Ejército Español. Además, como parte de esa política, el problema de la delimitación del territorio fue central como componente del aseguramiento de la estabilidad de las fronteras. Este pensamiento positivista fue mantenido invariable durante todo el Siglo XX, hasta el momento actual cuando la situación existente en el sistema internacional obliga a su revisión. Durante ese largo período se mantuvo la situación estamental del sector militar de la sociedad venezolana con los privilegios positivos en la consideración social, fundados en su modo de vida y, en consecuencia, en maneras formales de educación y en prestigio profesional. Durante el fenecido régimen “puntofijista”, en el reparto de poder que se realizó entre las cúpulas de los partidos y los sectores sociales venezolanos, se mantuvo esta orientación al adjudicarle al estamento militar el señorío sobre los asuntos fronterizos, el propio equipamiento, la administración financiera y de recursos humanos de la Institución.